Como ya lo había mencionado en una columna anterior, los periodistas corremos el riesgo de ser utilizados por actores que, rebasando toda ética, intentan engañarnos o corrompernos para difundir desinformación.
Debemos recordar aquella máxima: «Repite una mentira mil veces y se convertirá en verdad», atribuida a Joseph Goebbels, ministro de propaganda nazi. Entre los psicólogos, este fenómeno se conoce como el «efecto de ilusión de verdad».

Incluso Carlos Alazraki, publicista identificado con el PRIANISMO, lo admitió al declarar: «Yo tenía la solución: entre más mentiras digas contra MORENA, mejor te va».
Hoy, vemos cómo cuentas creadas en Facebook y otras redes son utilizadas como parte de estrategias mediáticas para construir “verdades” convenientes a los opositores, en especial en municipios como San Martín Texmelucan. Buscan así proyectarse como los “salvadores” que aspiran a la presidencia municipal.
Lamentablemente, muchos no se dan cuenta —o no les importa— que dañan profundamente a la sociedad. Su único objetivo es el interés personal, aun si para alcanzarlo deben manipular, dividir y pisotear la dignidad ciudadana.
En algunos grupos de WhatsApp, he considerado necesario señalar cuando circula desinformación, recordando que su propagación puede generar psicosis social. Ya hemos visto casos donde mensajes falsos provocaron linchamientos de inocentes acusados falsamente de ser ladrones.
Lo cierto es que los políticos que usan la desinformación para desprestigiar al gobierno municipal, también erosionan el clima democrático. Cuando lleguen al poder, será difícil que puedan controlar la infodemia que ellos mismos alimentaron.
Incluso la ONU ha advertido que: «Los proveedores de desinformación se aprovechan de la vulnerabilidad o el potencial partidista de los receptores, a quienes esperan reclutar como amplificadores y multiplicadores». Así, nos animan a convertirnos en conductos de sus mensajes, explotando nuestra tendencia natural a compartir información.
Por ello, considero que los medios de comunicación no solo debemos informar con rigor, sino también emprender campañas de educación digital. Es indispensable que nuestros lectores aprendan a diferenciar entre la desinformación, la información errónea y el periodismo profesional, que sí cumple con estándares éticos y de calidad.
Educar en tiempos de manipulación es una forma de defender la democracia.



