
No fue coincidencia. La movilización de los cuadros morenistas en la región durante diciembre no respondió al espíritu festivo, sino a una instrucción estratégica: hacerse visibles. De acuerdo con fuentes internas, MORENA iniciará un proceso de medición que contempla cuatro evaluaciones a lo largo de este 2026 para definir quiénes tienen el capital político necesario para las boletas del próximo año.
Aunque las dirigencias nacional y estatal mantienen la narrativa de una «selección democrática» y aseguran que se han despojado de los vicios del pasado, en los pasillos políticos de San Martín Texmelucan el aroma es distinto.
Todo apunta a que la estructura de los «representantes seccionales» —quienes en teoría son los grandes electores— terminará por validar decisiones tomadas desde las cúpulas. El fantasma de la «dedocracia», esa vieja práctica que tanto criticaron parece más vivo que nunca.
Lamentablemente, asistimos a una réplica de las mañas del priismo más rancio: una pasarela de decenas de aspirantes que, más que un proyecto a beneficio de la sociedad, buscan asegurar un cargo en la nómina. Los verdaderos protagonistas ya no presumen propuestas, sino su cercanía con el gobernador o con grupos de poder fáctico.
En la lista de San Martín Texmelucan ya figuran nombres como Mariano Escobedo (JR), Vianey García, Jaime Aurioles, Jesús María López Parada, Dulce Reyes y un aspirante de apellido Picazo.
En un segundo plano, moviéndose para negociar posiciones de consolación, aparecen perfiles como Guadalupe Yamak, y otros cuadros que buscan mantener vigencia en el presupuesto. Así arranca este 2026: con una militancia que, bajo el disfraz del movimiento, se apresura a la formación de una fila donde el dedo índice sigue siendo el juez supremo.
En las próximas entregas, analizaremos los movimientos en los otros partidos y el perfil de estos aspirantes.
Aquí encuentras más columnas de Opinión
Síguenos en nuestro canal en WhatsApp de ProyectoCINCO



