Cleófas Villareal

Por Carlos Mendoza.

En mi juventud como profesionista trabajé en varios estados de la república mexicana, uno de ellos fue el hermoso Estado de Veracruz, corrían los verdes años de la década de los setenta del siglo pasado (XX).

Como agrónomo joven me especialicé así sin querer en evaluación de cosechas, en particular del cultivo del maíz, donde habíamos desarrollado conjuntamente con dos dependencias del sector agropecuario – El Banjidal y la ANAGSA- métodos comunes de evaluación de las cosechas de este cultivo tan importante en el país como lo es el maíz. Debido a exceso de trabajo de campo provocado por una verdadera lluvia de “Avisos de Siniestro” en la región agrícola aledaña al Puerto de Veracruz, fue que se configuró un grupo inter institucional para atender este problema tan focalizado en los ejidos de las afueras de la ciudad y Puerto de Veracruz.

El problema además de ser masivo por las extensiones de cultivos reportadas como siniestradas, era que de alguna manera el Banjidal, institución de crédito que había habilitado todas estas superficies dañadas, pues ya tenía en su haber las actas de actuación de la Anagsa dando pérdidas de fuertes hasta totales; en México el seguro agrícola no protege la probable producción por hectárea del cultivo habilitado con crédito, lo que hace es proteger la inversión hecha en este, es decir que si un campesino o productor tiene por hectárea revisada cosecha suficiente para pagar la deuda que tiene con el banco, pues el seguro no da ni un centavo, en cambio si la cosecha es muy baja y no alcanza en términos reales a cubrir el monto prestado por el banco al productor, entonces Anagsa (Seguro Agrícola) le cubre este monto al banco, se trata esto de asegurar cultivos para asegurar que el productor no caiga en deudas, y/o en cartera vencida; luego entonces si las actuaciones de los inspectores de Anagsa daban pérdidas a los cultivos inspeccionados, pues a pagar sea dicho el seguro al banco, ¡pero!, ojo sí acaso el cultivo sí tenía producción y el seguro (Anagsa) mediante sobornos daba pérdidas, el campesino o productor sí obtenía una ganancia, ¿cuál?, liquidar su deuda con el banco.

Y este era el problema, se sospechaba de acciones venidas de parte de los inspectores del Seguro Agrícola arregladas, en el banco existían actas de levantamiento de evaluaciones de cosecha en papel oficial del seguro agrícola, más en los archivos del seguro agrícola no había copias de estos documentos, solo existían en el banco y estos eran llevados allí directamente por los campesinos productores presuntamente afectados por siniestros en sus cultivos, eso “paró las orejas de los funcionarios del banco y de Anagsa, y esa era la razón para operar en la región bajo el esquema de grupos interinstitucionales, donde la secretaría de agricultura actuaba como tercería, es decir Agricultura como cabeza de sector agropecuario tiene ahí un papel decisivo e importante, más aun si se procedía a hacer re inspecciones de las superficies ya revisadas que habían sido reportadas con bajas producciones por daños ocasionados por siniestros que, curiosamente no habían afectado a cultivos colindantes, ahí había una transa que había que desentrañar, ¿pero cómo?, sí, este era un problema ya que los productores en su mayoría declaraban haber cosechado ya las superficies, y así aunque se vaya al predio si ya no hay elementos para cuantificar cosecha, pues ya no se podía revocar nada de los anotado en las actas previas de Anagsa.

Estábamos hechos pelotas, perdíamos a diario el tiempo yendo a las parcelas que en su mayoría estaban ya cosechadas, o los productores mañosamente nos llevaban a predios que no eran los asegurados, que o estaban muy afectados pero por falta de labores y sin mazorcas, o de plano nos llevaban a predios ya cosechados.

Es aquí que hace su aparición el supervisor de la Anagsa (Seguro Agrícola) de nombre Cleofas Villarreal, quien era un norteño grandote, moreno que vestía muy a la norteña, botas, pantalones vaqueros y camisolas de cuadritos, ah y sombrero tejano; Cleofas Villarreal se caracterizaba por esto y por estas tres cosas, usaba lentes de sol marca Ray Ban, cargaba una enorme cámara fotográfica terciada a la barriga, y usaba un reloj muy llamativo de Marca Orient que según él daba la hora mundial y no sé que tantas cosas más.

Y Cleofas se fue a trabajar al campo, tomó muchas fotos en presencia de los campesinos de todo lo que se le puso enfrente en el campo, vio su enrome reloj y dijo a los campesinos: “Bueno yo con esto tengo, vamos a que llene el acta correspondiente…” Campesinos y Cleofas se encaminaron de regreso, Cleofas sacó su papelería y anota que según él y por las pruebas de las fotos que anexará a el acta, en ese predio sí hubo cosecha y pone el número de toneladas que de esta manera él valoró, acto seguido les pide que firmen, cosa rara los campesinos firmaban, pero en el ínterin de las firmas que como todos sabemos los campesinos hacen de manera muy lenta, uno de ellos le pide que le muestre ese enorme reloj que porta Cleofas, este se lo quita y se lo pone en sus manos al tiempo que da explicaciones de todo lo que hace esa maravilla que compró en Estados Unidos.

El campesino se levanta de la mesa y enseña a sus compañeros el reloj, de pronto le dice este hombre a Cleofas: “Sabe qué ingeniero, que este reloj yo lo quiero, ¿dígame que cuesta?”; Cleofas se resiste y pide que se lo devuelva, pero el campesino no se lo devuelve y en cambio le hace una oferta. “Le doy 5 mil por el relojito”, Cleofas mueve la cabeza negativamente, el campesino insiste y oferta más: “Le doy 7 mil pesos”, y Cleofas o acepta o pierde su reloj, que, dicho sea de paso, no valía esa cantidad, la ambición se apodera de él y acepta.

El campesino alega no traer tanto dinero en efectivo y pide al comisariado ejidal que por favor le extienda al ingeniero Cleofas Villarreal un cheque a su nombre por 7 mil pesos, y le dan su cheque, terminan de firmar y Cleofas muy satisfecho se levanta, se cala su tejana, se pone sus lentes oscuros y se sube a su camioneta y se va a la ciudad de Veracruz muy satisfecho.

Al día siguiente muy temprano va al banco de crédito ejidal a cambiar su cheque por 7 mil pesos, pero ahí están los campesinos que delante del gerente del banco, del gerente de la Anagsa y de mí como representante de Agricultura federal, acusan a Cleofas de que les pidió dinero, y que los amenazó para que firmaran esa acta, que al no tener ellos dinero, por eso le dieron ese cheque que ahora Cleofas intenta cobrar.

Los campesinos se salen con la suya y Cleofas es concentrado a las oficinas del seguro agrícola en la ciudad de México, pesan sobre de él varios cargos, y lo más seguro es de que lo den de baja.

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