El coronavirus le quitó todo a Rafael: familia, posesiones y su felicidad

-Su esposa falleció en diciembre a causa de esta enfermedad, y él perdió su empleo por lo que ya no pudo pagar la casa que rentaba. Ahora solo le preocupa el bienestar de su hija.

Periodico Central https://www.periodicocentral.mx/2021/municipio/item/1437-el-coronaus-me-lo-quito-todo-mi-familia-mis-posesiones-y-mi-felicidad-dice-rafael

Huejotzingo, Pue.- Rafael Aquino muestra las fotos de la humilde casa que solía rentar hace tan sólo unos meses, en el municipio de Huejotzingo. Sonríe y admira los rincones donde construyó lindas memorias junto a su familia antes de que la pandemia de covid-19 le quitara todo.

El esposo de Juana Morales y padre de una joven de 21 años explica que su calvario inició a finales de 2020, cuando perdió su trabajo en una pequeña fábrica de textiles en Cholula, luego de que los directivos explicaron que habría recorte de personal al verse alcanzados por la crisis económica, debido a la contingencia sanitaria.

Mientras recuerda los recientes acontecimientos, se queda callado y reflexiona sobre lo mucho que ha cambiado su vida. Su única fuente de ingresos y la suma de dinero que recibió como parte de su liquidación no le hicieron justicia por los 8 años que laboró en ese lugar.

Al quedarse sin empleo, la preocupación llegó a niveles que le quitaban el sueño por las noches, ya que en octubre se comenzaron a acumular las cuentas y no quería exponer a su familia. Sin embargo, aún tenían esperanza de salir adelante con la ayuda de sus seres queridos.

Yo no sabía qué hacer, me sentía presionado, preocupado todo el tiempo, me daba miedo pensar en lo que podría pasar, no quería que mi esposa y mi hija se enfermaran, pero no aguanté más, tuve que decirles y me dijeron que ayudarían a sacar dinero para los gastos. Mi esposa tenía trabajo en el mercadito y mi hija estaba estudiando la universidad; me dijo que ya estaba buscando un empleo, pero no encontraba por aquí” , expresa Rafael.

Los siguientes días fueron difíciles, el pago de la renta se acercaba y no tenían dinero en casa, pero nada fue tan complicado como ver a su esposa caer enferma: se había contagiado de coronavirus.

Lo peor vino después, Juana tuvo que ser internada en el Hospital General de Huejotzingo y Rafael comenzó a pedir ayuda con su familia y conocidos para pagar por los servicios médicos.

Muchas veces pasó la noche afuera del centro de salud, para no dejar sola a su esposa. Su rutina se volvió cansada y él y su hija tomaban turnos para hacer las guardias.

Juana llegó a ser intubada y luchó por su vida lo más que pudo. A pesar de que Rafael hizo todo lo posible por cuidar de su esposa, ella falleció dos semanas después, sin tener la oportunidad de despedirla o verla por última vez. Él quedó devastado.

Mi esposa era buena mujer, yo la quería mucho. Cuando le dio covid nos dijo que no nos preocupáramos, que ella iba a estar bien. Siempre se hacía la fuerte”, dice con la voz entrecortada y una risa sarcástica al final, mientras sostiene un puño sobre la mesita de madera en la que usualmente come.

El poco dinero que le quedaba le alcanzó para pagar los gastos funerarios y cuidar de su hija. Tuvo que vender su televisión, una vieja estufa y su pequeño refrigerador, así como sus pocos muebles, pero no logró reunir el dinero necesario, ya que tenía otras deudas que pagar.

Al llegar diciembre, su casero le pidió desalojar el pequeño departamento donde vivía tras deber los meses de renta pasados: “Yo no quería salirme, pero el muchacho se puso grosero, dijo que iba a llamar a la policía para que me sacaran. Le aclaré que le iba a pagar, pero me dijo que ya no le pagara nada, solo que nos fuéramos porque se lo iba a rentar a alguien más” .

Sin saber a dónde ir o qué hacer, uno de sus hermanos le ofreció un cuarto de 5 metros cuadrados, al que no dudó mudarse de inmediato, mientras encontraban una solución a la situación.

Ambos pasaron la Navidad y el Año Nuevo en completa incertidumbre. No tenían casa, ni nada de valor, mucho menos la compañía de Juana, que, de estar presente, estaría tratando de aliviar su dolor con uno de los guisos que tanto les gustaban.

La tristeza envolvió a Rafael y poco a poco se fue desgastando la sonrisa que tanto lo caracterizaba: “Me descuidé, me volví un poco raro, me puse a pensar muchas cosas que yo digo que son malas, y ahorita vivo con mi hermano Sergio, me ayuda mucho ahorita, su esposa y sus hijos son buenas personas, luego nos ven tristes y nos ayudan, se les agradece que nos echen la mano, quién sabe qué sería de nosotros ahorita”, señala.

Por suerte, su hija encontró trabajo en la capital poblana desde el 11 de diciembre. Su novio, le ofreció vivir en su casa mientras apoya a su padre a recuperar su estabilidad económica desde lejos.

En sus más de 50 años de vida, Rafael nunca imaginó que un virus le daría un giro drástico a su destino, a su vida.

Yo no estudié carrera ni nada, ya nadie quiere contratar a un señor de mi edad, pero mire yo todavía puedo, tengo fuerzas. Cómo quieren que la gente más mayor se cuide si no nos dan trabajo”.

Por las tardes ayuda en un taller mecánico en Cholula por recomendación de un amigo, pero constantemente tiene el temor de volver a perder lo poco que le queda. Solo quiere que su hija y él gocen de buena salud para salir adelante, pues no quiere terminar en la calle.

El coronavirus me lo quitó todo: mi familia, mis posesiones y mi felicidad. Por las mañanas me despierto y doy gracias a la Virgen por lo que soy y lo que tengo, no quiero ser malagradecido, pero me pongo a pensar mucho de lo que hicimos para que nos esté yendo así. Ahorita sólo pido que pueda pagar mis deudas y no preocuparme por nada más, que Dios me de salud para pagar y después veremos” .

Rafael sabe que la situación por la que está pasando, también la viven miles de personas en todo México, por eso pide que la sociedad actúe responsablemente y se cuide de la enfermedad, porque perder a un ser querido es la peor consecuencia que le ha dejado la pandemia.

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