Importancia de 2 repositorios: Archivos parroquiales en el valle de Texmelucan

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El rescate de la historia regional
SAN MARTÍN TEXMELUCAN, PUE. — La reconstrucción del pasado en la región de la Sierra Nevada no se escribe únicamente en las aulas universitarias, sino en el silencio de las estanterías que guardan siglos de memoria colectiva. Para los investigadores, desentrañar los orígenes de las comunidades del distrito requiere, de forma obligatoria, una inmersión profunda en los archivos parroquiales en el valle de Texmelucan. Estos espacios, lejos de limitarse a la contabilidad sacramental de la Iglesia católica, operan como las verdaderas actas de nacimiento de la sociedad civil, la economía y la identidad indígena y española que dio forma al México virreinal.

San Salvador El Verde: El epicentro documental del siglo XVII
Para comprender la geografía política e histórica de la región, el municipio de San Salvador El Verde destaca como un faro indispensable. Maximino Pérez Aguilar, cronista oficial de dicha demarcación, subraya que el archivo parroquial de esta localidad es determinante para conocer el pasado virreinal de todo el valle. Durante los siglos XVII y XVIII, San Salvador El Verde fungió como el centro político, económico, religioso y social de un territorio colosal que abarcaba más de 1,100 kilómetros cuadrados.

«El territorio abarcaba desde Río Frío hasta San Martín Tlauziteco (hoy Texmelucan), y hacia el otro extremo colindaba con Nanacamilpa y Calpulalpan. Pueblos enteros como Chiautzingo, con sus comunidades de Zecalacoayan, Tetla y Atzompa, registraron aquí sus vidas durante centurias», detalla el cronista.

Incluso San Martín Texmelucan dependió religiosamente de esta cabecera por espacio de casi cien años, debido a que su propio acervo eclesial comenzó tardíamente entre 1660 y 1670. Mientras que el archivo eclesiástico de Huejotzingo arranca en 1615, el de San Salvador El Verde cuenta con un registro documentado que se remonta al año 1603.

El primer documento es el acta de bautismo de un niño llamado Juan Carrillo Altamirano, hijo de los dueños de la próspera Hacienda de Ayotla. Asimismo, el «Libro de Naturales» (destinado a la población indígena) inicia en marzo de 1605 con el registro de una infante de San Gregorio Aztotoacan. Estos manuscritos comprueban el arraigo de linajes y apellidos que, hasta pleno 2026, siguen vigentes en las juntas auxiliares de la región.

El valor de la paleografía en el estudio de la historia virreinal
El análisis de estos libros históricos saca a la luz un reto metodológico fundamental: el valor del rescate paleográfico. La paleografía, entendida como la técnica que permite descifrar las formas de escritura antigua, se ha convertido en una disciplina escasa pero vital. Los documentos de los archivos parroquiales en el valle de Texmelucan fueron redactados a mano por escribanos y párrocos utilizando estilos caligráficos complejos como la letra cortesana, procesal o encadenada, que resultan ininteligibles para las generaciones actuales formadas en la era digital.

«Es una escritura que no es fácil de leer para los muchachos de ahora que nunca practicaron la letra manuscrita», apunta Pérez Aguilar, quien advierte que la quema recurrente de los archivos civiles durante la Revolución Mexicana —como los incendios provocados por tropas zapatistas en la presidencia de El Verde en 1913 y 1917— transformó a los archivos eclesiales paralelos en las únicas fuentes primarias disponibles para rescatar el siglo XIX.

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