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Rebasamos umbrales ambientales irreversibles
Boletín/México,
D.F.-
Modificamos
ecosistemas para construir zonas agrícolas y urbanas, es decir,
cubrimos las necesidades poblacionales de manera irracional,
indicó la coordinadora del Programa Universitario del Medio
Ambiente de la UNAM, Mireya Imaz
Agregó que el
Día Mundial del Medio Ambiente es una invitación a replantearnos
hacia dónde va el mundo
“Los
humanos nos creemos los seres más importantes y hemos abusado
del planeta, como si fuésemos capaces de reparar todo el daño
que hemos causado; sin embargo, el calentamiento global y la
extinción de especies nos demuestran lo contrario”, aseguró
Mireya Imaz Gispert, coordinadora del Programa Universitario del
Medio Ambiente (PUMA) de la UNAM. “En nuestro paso por la Tierra
no nos hemos detenido a mirar a las demás especies ni hemos
respetando sus espacios”.
Como
civilización, modificamos ecosistemas para construir zonas
agrícolas y urbanas, es decir, cubrimos las necesidades
poblacionales de manera irracional, y no nos hemos planteado
seriamente incógnitas que día con día se vuelven más urgentes,
como, “¿por qué y cómo llegamos a este punto de deterioro
global?” y “¿hasta dónde resistirá el planeta?, expuso.
Por ello,
el Día Mundial del Medio Ambiente nos invita a reflexionar sobre
estos asuntos, y dependerá de cada quien qué tan profunda sea
esta toma de conciencia, porque quien se limita a festejar y
sembrar árboles en esa fecha, no se percata de que se requieren
acciones de mucha mayor trascendencia.
“Al
considerar cuál es el estado real del medio ambiente nacional,
parece que hay muy poco que celebrar este 5 de junio. Nuestro
país y el mundo en general, padecen una crisis ambiental global
de grandes proporciones”, aseveró.
La
especialista señaló que la humanidad está a un paso de
adentrarse en umbrales que, al ser traspasados, no le permitirán
recuperar el equilibrio perdido, sobre todo porque ignora la
magnitud de las repercusiones. Ejemplo de esto es la pérdida de
la biodiversidad, que evidencia que el hombre ha alterado su
entorno a tal grado que ya rebasó cualquier punto de retorno.
“Lo que
aún no sabemos es qué pasará cuando empiecen a registrarse
extinciones generalizadas ni el modo en que se comportarán los
ecosistemas, cómo cambiará el ambiente ni si otras especies
ocuparán los nichos que dejaron aquellas variedades que
desaparecieron”.
En la
lucha contra estos problemas ambientales, la educación es
esencial, y mientras mejor formación se tenga será más fácil
proponer soluciones y enmendar el complicado panorama creado por
el hombre, argumentó. “Debemos rescatar la sabiduría ancestral
de nuestros antepasados, quienes sabían que había formas más
amigables de relacionarse con el medio ambiente”, comentó.
“Ni
discursos ni acciones acotadas bastan, es preciso reinventarnos
a través de la educación, porque ésta es el motor más importante
y nos da la certeza de que sí se puede pensar en otro mundo”.
Imaz
Gispert opinó que pocas veces, como ahora, la humanidad había
pensado en sí y en su papel a futuro; cada generación veía sólo
por ella misma, pero hoy ha comenzado a plantearse escenarios a
50 y 60 años.
Por ello,
la UNAM trabaja en esta materia de manera constante e imparte
cursos, talleres y seminarios, es decir, trata de capacitar a la
gente. Al respecto, Imaz recordó que en los próximos meses se
abrirá un diplomado dirigido a tomadores de decisiones que
promoverá la generación y aplicación de políticas ambientales
públicas.
Para
concluir, la coordinadora del PUMA resaltó que el pendiente más
grave que enfrenta México es la pérdida de los suelos a nivel
nacional, “tenemos un gran deterioro en estas áreas”.
Éste es un
proceso difícil de revertir, pero aún se puede hacer algo al
respecto. Este tipo de rescates resultan costosos y como nación
deberíamos invertir en este aspecto, planificar nuestra forma de
expandirnos y evitar los ordenamientos urbanos, concluyó.
Conservación de
especies
Mientras,
la especialista del Instituto de Biología (IB), Yolanda
Hortelano Moncada, indicó que para promover la conservación se
debe conocer lo que se posee y en qué cantidades, principalmente
cuando se trata de especies animales. También es importante
saber cómo se relacionan estas variedades con otras y entre sí,
y ubicar las características del hábitat en que se desarrollan.
“Lo ideal
sería estar al tanto de toda la diversidad del país y a todos
los niveles; en la medida en que tengamos un inventario más
amplio, podremos contribuir a la conservación”, apuntó.
En esta
tarea, el IB juega un papel importante, porque alberga las
colecciones más grandes de animales y plantas de México (“son
una suerte de bibliotecas de la vida”, dijo). En estos
muestrarios se conservan especies disecadas y vivas, estas
últimas en el Jardín Botánico.
Estos
compendios sirven para realizar investigaciones y cruzar datos
entre instituciones, porque lo que se busca es difundir la gran
variedad de especies que se posee (o poseía) México a nivel
mundial.
Cada vez
es más común que nuestra fauna endémica esté bajo amenaza o
extinta. Hoy en día, tenemos 66 variedades en riesgo y muchas
más en la categoría de “especies extirpadas”, es decir, próximas
a su desaparición, como el búfalo, la nutria marina y de río, el
tapir, el borrego cimarrón, la foca monje del caribe y el
manatí, por mencionar algunas.
Por todo
esto, para que la conservación funcione hay tres elementos que
deben ser atendidos: se deben tener zonas protegidas, resguardar
las especies en riesgo y aprovechar todo recurso natural de
manera sustentable.
Finalmente, indicó que el Día Mundial del Medio Ambiente
debe promover la protección de especies en peligro de extinción.
“Es necesario que todos contribuyamos con nuestro granito de
arena para conservar las especies nativas de México”. |