Conoce un testamento indigena de San Salvador El Verde

Introduccción
los testamentos son de extraordinario valor e interés como fuentes primarias dentro de la historia y etnohistoria de los pueblos indígenas novohispanos. Cabe señalar que no solo los nobles, como caciques o tlatoques fueron dictaron dichos documentos sino también macehuales. con lo que conocemos sus vidas y bienes, tan desconocidos por las fuentes sólo rara vez se ocupan de las personas en común.

Los bienes mas frecuentes y abundantes son las propiedades agrarias, seguidos por las casas, los animales domésticos, cocechas y plantas; así como una amplia y variadísima gama de objetos de uso cotidiano, santuario y ceremonial.

Los testamentos son una verdadera mina de información, sobre la vida material y cotidiana de aquella gente.

Así como la religiosidad, el rito y el moribundo que dicta su última voluntad y dispone el destino de su cuerpo (entierro) y de sus alma después de la muerte. Aparece el cielo y el purgatorio,…

Textamento de Don Francisco Rodriguez, de Santa María Cotlichan, feligrés de San Salvador Tlalpnepantla, 1618.

En cumplimiento de lo mandado en el auto antecedente, yo Phelipe Lazcano Goias, intérprete deste juzgado, procedo a trasu(m)ptar los instrumentos presentados por los contenidos en la petición que va por principio cuyo tenor a la letra es como se sigue.

En el nombre de Dios padre y del Hijo y del Espiritu Santo, empiezo mi testamento; que sepan todos mis circunvecinos y vecinos que vienen en este papel, que yo me llamo Francisco Rodríguez, aquí es mi casa en Santa María Coatlichan, que soy feligrés de la parro(qui)a del Santismo San Salvador Tlanpantla, hago mi testamento.

(Al margen: Testamento de Francisco Rodriguez). y aunque me hallo enfermo del cuerpo, sosegado mi corazón, juicio, voluntad y entendimiento, está bueno y  esperando la muerte, que ninguno de ella se escapa; pongo este mi testamento por mi ultima voluntad, para que siempre guarde, para que ninguno lo eche a perder ni lo desbarate, por eso lo hago mi testamento, lo empiezo.

En el primer capítulo, lo primero, mi alma en las manos la dejo de Nuestro Señor Dios por que la hizo y redimió con su preciosa sangre y con su santisima muerte, y muy encarecidamente le ruego para que tenga misericordia y me perdone mis pecados y me lleve a su santa casa y santa gloria. y Ciando mi ánima deje a mi mortal cuerpo, mi cuerpo lo dejo a la tierra de que salió, de ella que es tierra y lodo, y quiero una sábana para que se envuelva mi cuerpo, para que se entierre aquí, en nuestra iglesia de Santa Maria Coatlichan, allá me ha de señalar el sacerdote mi sepultura y hoyo.

En el segundo capítulo, dejo avisado que cuando yo me haya muerto, entrera vigilia y misa encima de mí ha de decir el sacerdote ahí dentro donde se ha de enterrar, se ha de dar la limosna cinco pesos, él lo ha de dar, Jua(n) Buaptizta.

En el tercer capítulo, dejo avisado y les dejo muy rogado que por am(or) de Dios lo han de hacer, que sirvan a los que voy nombrando mis albaceas; el primero se llama Diego de Pumentel, el segundo se llama Juan Bauptizta, para que me favorezcan, para que no se tarde allá (en) el purgatorio mi alma.

En el cuarto capítulo, dejo avisado que mis casas, cuatro, su me muero ahpi ha de cuidar mi mujer de mi matrimonio llamado doña Ysabel Rosa de Castilla, para que ahpi crie a mis hijotos, dos, mi esposa y el de pecho se llama Amaro Rodriguez y la otra persona se llama doña Maria Quichita, mi entenada, mis hijitos.

En el quinto capítulo, dejo avisado tengo caja y dos mantas de atar, la una vale seis pesos y la otra cuatro pesos vale, y si me muero la una de ha de vender, la que vale seis pesos, para que se me haga la vigilia y misa. Y la otra la han de coger mis hijitos, si les prestare la vida Dios Nuestro Señor, y mi caja se la dejo dada a mi esposa de matrimonio.

En el sexto capítulo, dejo avisado que donde están mis casas, la tierra trescientos de largo e de ancho veinte y cuatro, por donde sale el sol, lindo con don Graviel Xuares alcalde; por donde se mete el sol lindo con mi hermano menor que era, que se llamaba Juan Elías; por le norte lindo con el mismo mi hermano menor Juan Eliaz y con mi hermano meno que era llamado Pasqual Xopil, y por el norte ahí está mi tierra que tuerce para arriba, llaá(n)dose Tototzinco, lugar de pájaros, por lo que propuse dejo dada a mis hijitos, se llama Amaro Rodríguez y a mi Mariquita y a mi esposa, ahí los ha de criar si Dios le da vida y salud.

En el Septimo capítulo, dejo avisado allá está mi tierra en medio de dos barrancos, ciento y ochenta de largo, y de ancho cincuenta, por donde sale el sol lindo con don Antonio de Tursios y por donde se mete el sol lindo con mi hermano menor que era Juan Elías; por el norte se acaba en el agua de Texmeluca y por el sur se acaba en la barranca que llaman del Sumo; se la deho dado a mi matromonio y mujer llamda doña Ysabel Rosa de Castilla, para que me críe a mis hijos Amaro Rodrigues, si Dios Nuestro Señor le presta vida y salud. Y lo que está ahí mazorcas, todo lo ha de coger mi esposa y matrimonio.

En capítulo ocho, dejo avisado que tengo bueyes, cinco novillos, se los dejo dados a mis hijitos a Amaro Rodriguez y a doña María Chiquita (en náhuatl: Maria de Dolcios); lo ha de tener la señora mi matrimonio y esposa, que se lo dejo para que críe a mis hijitos, para que sirvan si Dios les da vida.

En el capítulo nueve, dejo avisado que (el que) me perdió un buey se llama Melchos Gaspar, vale tres pesos, del dinero me pagó cinco pesos; ha cinco años que me lo perdio y si me muero se lo ha de pedir mi esposa y mis albaceas; breve se lo han de perdir y sino lo pagare, que lo pongan en la cárcel.

En el capítulo diez, dejo avusado que puse sesenta de lardo y de ancho veinte y cinco, se los dejo dados a mis hjitos, a Amaro Rdriguez y a su hermana donña Maria Tursios, y a mi esposa, que los críe.

En el capítulo once, dejo avisado debo dinero un peso y cuatro tomines, y si me muero los ha de pagar mi esposa doña Ysabel Rosa de Castilla.

En el capítulo doce, dejo avisado que le debo cuatro reales a Christóval de Silva, ella lo ha pagar, mi esposa doña Ysabel Rosa de Castilla.

En el capítulo trece, se dejó avisado que la nopalera que está detrás de mi casa, ochenta matas, se la dejo a mi esposa, que ninguno tenga ruido ni pleito con ella, pena que se le quitarán por la justicia, diez pesos que pagará y en la cárcel será castigado.

En en capítulo quince, dejo avisado y les dejo rogado, por amor de Dios lo han de hacer, que sirvan y les ruego a mis testigos que de presto rueguen por mi, el uno se llama Matheo de Soto, el segundo se llama don Graviel Juarez y que de presto hablen por mí, cuando se mueran, que lo mismo hagan con ellos.

Ahora a cuatro (en náhuatl: 10) días del mes de noviembre de mil seiscientos y diez y ocho años, y ahora aquí se acabó mi testamento y aunque hice mi testamento no es mio, no es mi caudal, que es cacicazgo.

Ya se acabó todo de hacer este testamento, el enfermo se llama Francisco Rodrigues, no sabia leer, cogió con su mano derecha la pluma y señaló y puso una cruz, Francisco Rodriguez +.
Ante mí se hizo este testamento el enfermo, nada perdió, nada se me olvidó, sus palabras todo lo escribí y lo signé con mi nombre y firma, por mandado del fiscal de la santa iglesia Sebastián Rodriguez, Agustín de Santiago, escribano. en Medio por mandado. Vale.

Texto tomado de Vidas y Bienes Olvidados. Testamentos indígenas novohispano. Vol, 3. Teresa Rojas Rabiela, Elsa Leticia Rea López, Constantino Median Lima. Historias ciesas (Centro de Investigaciones y Estudios Superiores de Antropología Social) año 2000. CONACYT

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